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Tu Indiferencia Nos Fortalece.
Mayo 31 del 2011
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Tu indiferencia nos fortalece.

     Cuando decidimos iniciar nuestro voluntariado en la campaña “Tu indiferencia me mata” sabíamos que tendríamos que informarnos sobre el tema, para no ser sólo voluntarios apasionados, sino informados y capaces de demostrar a la sociedad que el problema numérico de la cantidad de animales de compañía en calidad de abandono social, desborda a la nación y a las ONG’s.

     Inmediatamente, acudimos a la biblioteca de nuestra escuela a solicitar todos los libros disponibles sobre el tema de los animales. Comenzamos una investigación extensa y llegamos a un punto importante de formación intelectual sobre el tema. Sin embargo, cuando se nos propuso acudir a un antirrábico, nuestros cuerpos se estremecieron; sabíamos que teníamos que hacerlo, pero realmente no queríamos. Nuestra mente se rehusaba a hacer la transición de una realidad teórica a una realidad práctica.

     Prolongamos los tiempos lo más que pudimos, nos rehusábamos como miles de personas a vivir con una carga moral al respecto. Sin embargo, las circunstancias nos alcanzaron. En una ocasión tuvimos que ir de emergencia al antirrábico más cercano de nuestra casa; no lo pensamos, los gatitos llevaban tres días sin comer y sólo nosotros (cuatro personas) en todo Monterrey, teníamos la responsabilidad de si esos animalitos continuaban o no padeciendo hambre.

     Nuestra sorpresa fue que encontramos un antirrábico totalmente diferente a lo que esperábamos (lo remodelaron hace un año), alimentamos a los animalitos, tomamos algunas fotos de ellos para su promoción y nos retiramos. A partir de ese día, no pudimos dejar de ir; lo interesante es que no es la lástima el principal motor de estas visitas, sino la responsabilidad que sentimos con esos animales. Los rostros y los ladridos cambian cada tres días, ya que martes y jueves hay sacrificios; pero la satisfacción de ver a los animales alimentados, sin sed y sin heces rodeándolos es delirante.

     La parte más difícil de supervisar antirrábicos es decidir quién requiere una muerte inmediata; señalar a los sarnosos, a los que están agonizando, a los que no quieren moverse de una esquina porque el moquillo ya los venció. Sin embargo, no demostramos debilidad frente a ellos; tememos que lean la palabra “eutanasia” en nuestras mentes, tememos que sientan lo que nosotros sentimos cuando tocamos un cuerpo frío, sin vida. Un cuerpo que un día fue caliente, que ladró de felicidad, que fue amado y un día desechado, sin explicaciones, sin justificaciones para él.

     Cómo explicarles que nosotros estamos trabajando por ellos, cómo decirles que su muerte nos motiva a hacer esta labor de por vida, que no es en vano. Que sus almas se quedan con nosotros y forman parte de nuestra armadura contra la indiferencia de los ignorantes. Cómo hacerles saber que los amamos, aunque sólo los conozcamos en el pasillo directo a la mesa de inyección. Esa es la labor más difícil de todo esto.

      Definitivamente, tomar la decisión de formar parte de esta campaña ha cambiado nuestra vida. Irónicamente, somos inmensamente felices con lo que hacemos. Nos da felicidad saber que no lloramos tras nuestros monitores solos, que lloramos juntos. Saber también, que en un país en vías de desarrollo, hay un grupo de gente enorme trabajando día a día por los que aún viven en campos de concentración. Por los que todavía son esclavos del hombre.

     No sabemos realmente qué lograremos a lo largo de nuestra vida, no sabemos si permaneceremos juntos hasta el final. Sin embargo, sabemos que estemos donde estemos llevaremos la voz de esta campaña. Porque después de las imágenes que nuestros ojos han registrado para siempre, ya no somos como los demás; ya no podemos regresar a la comodidad de nuestros hogares con aire acondicionado y una taza de café. Somos guerreros y nuestro estandarte son los esclavos del siglo XXI: los animales. Moriremos y lo perderemos todo por ellos. El temor a no tener cosas materiales se ha ido, porque lo ha sustituido el temor a ser indiferente.

 

Voluntarios Monterrey “Tu indiferencia me mata”  

 

 

 


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